Llegan de un aire tan delicado las palabras, llevan tan delicada luz, tan suaves cuerpos, brisa de los sueños, amor recién nacido en las orillas, campanario de luz junto a las olas, cielo, signos del día frágil e inmortal.
Como hombres desnudos en los muros de vidrio de la ciudad del sol aún no habitada y luego las mujeres como flores, la boca que se besa en el espejo, la mano en las arañas, los peldaños de sal hasta el cofre y el ancla y el llanto de los vientres,
sus melancólicos gemidos: amor que es como un pozo de luz en el jardín de la ceniza, espesura en el triángulo del pubis donde oímos canciones que claman sin cesar. De “En las rejas del tiempo” 1991-1994