Los días del amor fueron efímeros y se besaban con los labios muertos como estatuas obscenas bajo el tiempo y en aquel sucio beso se encontraron como el día primero del encuentro y en el sabor a muerte había vida, la vida que se encuentra y que perdemos y que un obsceno encuentro recupera. Ya no hay quimera en la desolación. De “En las rejas del tiempo” 1991-1994