Son los besos del cuerpo los que gimen y piden en la boca más gemidos. Y volvemos al cuerpo y nos besamos y es la saliva blanca como sal que nos besa y abrasa y nos hundimos en un sueño sin fondo y allí, en un mar de espejos, volvemos a encontrarnos y a sumirnos.
De “En el bosque de Celia” 1995