Y supo del amor cuando dejó de amar. Lloraba por las calles como si fuesen charcas, el sexo le dolía como si fuesen ojos y se aferraba al aire como si fuesen ramas y era un árbol podrido por los días del tiempo que ahora regresaban como regresa el viento en el jardín de arena o en las casas de polvo. Y los hombres que lloran no se sacian de amar, lloran como las noches en las charcas de fango, como madres sin pechos, como niños de tierra en paisajes de céfiro que revelan ciudades donde todo está lejos, azul y sin campanas. El amor es la boca que empeña los espejos donde estuvieron juntos bailando los que aman. ¿Quién hurga en los escombros del amor? ¿Quién desempaña el vaho del cielo y quién repara las grietas de los ojos, sus paredes de moho? En el alba los hombres se adoraban el sexo, las mujeres cocían ladrillos y lloraban, el huérfano de amor buscaba en la maleza, y encontró un espejismo y en él se recreaba.
De “En las rejas del tiempo” 1991-1994