Nunca de amor estuve tan contento, que en su loor mis versos ocupase: ni a nadie aconsejé que se engañase buscando en el amor contentamiento.
Esto siempre juzgó mi entendimiento, que deste mal todo hombre se guardase; y así porque esta ley se conservase, holgué de ser a todos escarmiento.
¡Oh! vosotros que andáis tras mis escritos, gustando de leer tormentos tristes, según que por amar son infinitos;
mis versos son deciros: «¡Oh! benditos los que de Dios tan gran merced hubistes, que del poder de amor fuésedes quitos».