El clavo

El clavo

Todo lo revivido se estremece.

Repites las historias muy despacio con los nombres del mundo de los muertos pues lo bello, al final, resulta triste.

Las huidas sin carrera son la imagen grotesca de los sueños, el agua que se escapa entre las manos y, por eso, prefieres cambiar aquellos nombres y lugares, dejar sólo los hechos con los sentimientos que arrastran. Puede ser una señal y casi te deslumbra.

En el dolor, no obstante, el abrazo es más rápido que un cepo.

Ser uno mismo, sí, pero antes ser de otros.

De “Un intruso nos somete”, 1997