Lo que sé de mí

Lo que sé de mí

Yo he nacido aquí junto a las altas lilas del verano y los verdes racimos amargos de la aurora.

Yo he nacido entre las rosas que han muerto y el mustio follaje de los jardines de un sueño.

En las transparentes alamedas que canta el ruiseñor y abre el rocío con su cuchillo de cristal en la mañana.

Como la hoja que cae sobre un sepulcro yo he pisado al nacer esta piedra y su luz me ha salpicado.

Como el que nace para la música y talla la madera o la roca y escucha su voz crujir bajo el cincel y no pregunta.

Yo he nacido duro de corazón y equivocado, pero vosotros me habéis dado la tierna mano de la primavera.

El que sopla las estaciones y hace reverdecer al árbol muerto ha mirado esta rama joven que no ardía.

Al consumido en su luz y al que el amor destierra mis días por igual se han parecido.

Como aquel que al entrar en su casa se encuentra con la mar y goza y es feliz y se queda con ella para siempre.

Yo he nacido aquí antes de que mi corazón se diera cuenta y una dulce mujer se acercara a mi sombra como madre.

Desde entonces he sido melancólico y triste porque he contado los astros y la lluvia y la arena.

De lo ajeno he tenido la bondad de la tierra y de lo mío la nada en su infinita certeza.

He visto a los hombres mirar hacia el cielo como buscando la vida que junto a ti se les niega.

Y he padecido con el dolor entre todos y no he cerrado la puerta al florecido en su odio.

Al que marcado con saliva se esconde de los muchos lo he elegido más cerca de mi corazón que a los otros.

Y he contemplado a los pájaros resolver en el vuelo el misterio del aire.

Yo he nacido aquí junto a la piedra de Cluny donde brota el mirto su tallo en la maleza.

Pero no he sido feliz, mi memoria se ha cansado de llover y esperarte.

Nada pudo la abundante espiga del dolor contra nosotros, cuanto más me iba, más tu amor me aprisionaba.

Y así he sido claro bajo el sol y también fuente donde vienen a beber desde el fondo del mundo las estatuas.

Y un día, un día como hoy resplandeciente y puro rozado tal vez por el deseo se acercó a la ventana mi figura.

Y al ver todo transido de pétalo aquel cuerpo salí como siguiéndola y me perdí en su calle.

Yo te he amado pequeño pueblo entre dos ríos donde supo mi corazón el don de la palabra y las alondras.