no ha reclamado nunca mi soledad vencida. Ni esa que extraviada en los jardines puede olvidar el sitio de cada mano, ni la que demorándose en alcoholes puede decir el sitio de cada beso. Ni tan siquiera aquella que en su boca es culpable no ya de lo que dice sino de cuanto pasa en el lenguaje. Ninguna ha reclamado mi soledad vencida.
Y en todas nos olvidaremos el uno al otro hasta el día en que sea redimido cada árbol de cada bosque y ya nadie se excluya en la inocencia por fortunas peores; porque ellas duermen todas sobre mi corazón como sobre una barca y su sueño se hace para dulces anzuelos.
Pero sólo por una me daré la vuelta, y me pondré a la fila de los hombres. De “Por fortunas peores” 1991