sin entrar en detalles.
Uno se queda a medias en su vaso de vino, a medias en su pan. Y cómo puede no volverse su embozo tan pesado, tan gastado en el hombre, que alguien sepa poner allí más verbo que este que da comienzo a la altura del pomo, este que se interroga entre la voluntad y la añoranza.
Uno sale a la calle para probar sus dados sobre la vieja manta de la noche. De “Por fortunas peores” 1991