a la que da a la calle. Despierta al del sofá.
Sólo han sido dos días y dos noches cuando el pelo sudado y la lengua inservible no son forma de abrir. Nadie ha venido pero tiene la leche nueva y el pan del día sobre la mesa, el que asoma de lado deshaciendo sus ojos ha esperado más de lo que es prudente. Que no es nada, de lo que lleva envuelto en papel de periódico, le dice. Tuerce cada palabra, yo el que escribe en las tapias. Le pone eso en las manos frío y pegajoso y húmedo y se lleva el índice a la frente. Truchas, fácil con el verbasco, ha dicho. De “El hombro izquierdo” 1997