Contra ti

Contra ti

Jugar con pieles rojas o dejarte estoicamente arrancar la cabellera.

Encarcelado tras las rayas de un tigre o, dentro de él, ir deshojándole uno a uno los rugidos como pétalos comestibles de una rosa en dulce árabe de miel.

Niño o pirata, sombra o reloj, continuar, marcharse. No querer escribir y hacerlo, qué más da.

Esa devastadora indiferencia contigo mismo, el infantil desdén, tan soberbio arañazo tuyo contra ti, son fuego. El fuego ardido de los fuegos fatuos. La llama muerta, resucitada entre las llamas vivas. Y sólo el alfanje del alado guardián del poema o paraíso es la frontera de tu más destructivo deseo inalcanzable: ser inmortal, y, a la vez, expulsado. De “Escritura o paraíso” 1998