Abandoné Nunca Jamás para entrar en tu corazón. No supe cómo me sucedía. Sólo intuí -pero no quise interpretarlo- algún obscuro signo: la escritura similar al insomnio y el ensueño igual a la escritura, evitar a mis años la amenaza ingenua del horóscopo o negarme tres veces mi espejismo en un espejo roto a medianoche.
Aún ahora no acierto a comprender a dónde huyó la Sombra, cuándo venció el Pirata, si se hundirá la Isla, pero escucho mi adiós a aquella tierra y como un niño en el exilio llamo mi país a esa roja víscera autista, el corazón, tu corazón de nunca jamás. De “Escritura o paraíso” 1998