Despatriado entre el olvido y hadas, qué otro todavía soy yo. Si aún conservo mi primera sonrisa y a veces esas tardes envenenadas que el corazón escarchan como fruta de Navidad, que lo empañan como fiordo en bruma, que lo dejan de nuevo en aquel mismo andén lluvioso donde nos despedimos, me atrevo y otro que soy yo todavía -su sombra de puntillas- se acerca y la visito: intacta mi ex-sonrisa en el formol, se finge -al verme- copia de esa copia sin fin que es la Gioconda. De “Escritura o paraíso” 1998