Tanto tiempo ha pasado y vuelvo a ti, poema, ten piedad.
Ten piedad, porque no puedo, no sabré ya escribir muerte como antes de la muerte vivida de mi padre.
Ni amor será la palabra que fue y, sin metáforas, conocí como el amor.
Apiádate, regreso igual que el hijo pródigo, desnudo y sin memoria, ten piedad, poema, del que sabe por qué todos los niños crecen menos uno. De “Escritura o paraíso” 1998