A mi espalda

A mi espalda

El que fui vuelve llorando, y no hay manera De aplacar su pena sola. El que fui viene llorando: es sólo un niño Que no puede con la tarde.

Le diría que se vaya, Que ya no tengo más aquellas láminas Con paisajes, donde una luz de atardecer duraba; Donde pasaba un ángel con un aro

Mas no tengo valor para volverme. Él me toca en el hombro, y se detiene Alelado: no comprende; y llora aún más. Cómo arreglarme un rostro ya para enfrentarlo.

Y se queda. Y reincide. Y calla luego. (La luz, final, vacila; sale la brisa; algo tiembla) Cuando no es más que un niño desvalido Y solo, que no puede con la tarde.

De “Carpeta de mi gestión terrestre” 1956-1959