¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!

¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!

¡Oh cuánto dice en su favor quien calla! porque de amar, sufrir es cierto indicio, y el silencio el más puro sacrificio y adonde siempre amor mérito halla.

Morir en su pasión sin declaralla es de quien ama el verdadero oficio, que un callado llorar por ejercicio da más razón por sí, no osando dalla.

Quien calla amando, sólo amando muere, que el que acierta a decirse no es cuidado; menos dice y más ama quien más quiere.

Porque si mi silencio no os ha hablado, no sé deciros más que, si muriere, harto os ha dicho lo que yo he callado.

Nadie escuche mi voz y triste acento…

Nadie escuche mi voz y triste acento de suspiros y lágrimas mezclado, si no es que tenga el pecho lastimado de dolor semejante al que yo siento.

Que no pretendo ejemplo ni escarmiento que rescate a los otros de mi estado, sino mostrar creído, y no aliviado, de un firme amor el justo sentimiento.

Juntóse con el cielo a perseguirme, la que tuvo mi vida en opiniones, y de mí mismo a mí como en destierro.

Quisieron persuadirme las razones, hasta que en el propósito más firme: fue disculpa del yerro el mismo yerro.