Pasé los golfos de un sufrir perdido, y piélagos de ofensas he surcado, de enemigos impulsos agitado, de poderosas olas impedido.
Hoy, pues, menos quejoso que advertido, de esperanza las velas he animado, y debo a mi noticia haber tomado en mar de sinrazón puerto de olvido,
donde ya en dar benéficos alientos a la violenta fuerza me libraron del tiempo airado y de contrarios vientos.
Ya engañosas sirenas me dejaron porque la falsa voz de sus acentos mis diamantes oídos no escucharon.