Relámpago de carne hecha de roca, gesto de invocación incorporada; anciano de cristal cuya mirada parece un girasol de doble boca.
En tu oración la luz se ha vuelto loca llena de mansedumbre exasperada; y una tormenta azul, paralizada se postra a ese alarido que convoca.
Tu arquitectura gime como un bosque crucificado en furia que no mengua bajo las destrucciones cenitales.
Yo pido a ese sarmiento que me enrosque con brasas y zafiros esta lengua de pecados y cantos capitales.