Yo también estoy hechizada Bronwyn
Algo me está buscando por el campo, o por el bosque negro que fue verde: Algo de claridad pero sin forma, como un sonido inmenso que bajara desde un cielo apartado por el cielo que existe.
Nunca supe quién soy, pero voy a ser lo que tú quieres sólo siendo en el sol absoluto donde ardiendo mueres porque eres.
Voy a ser la eternamente llama de tu espiga de fuego; mi resplandor entrego a tu doliente niebla que me llama.
Caigo en tu corazón que ha de perderse para que aprenda a rehacerse desde el cristal azul del océano al sarmiento quemado de una mano cerrada al deshacerse.
_Los álamos inciertos de las almas se alejan por el campo. Los álamos se alejan, Bronwyn.
Los gritos permanecen y el incendio._
¿Creíste que no te oía cuando dijiste: subes bajo las verdes nubes, de la tierra que hiciste blanca en un mediodía rojo como la herida en que perdiste lo que a tu corazón te unía?
¿Creíste que no te oía más allá de las olas cuando las sombras solas eran mi todavía?
_Por las sombras desciendo hasta la torre y vuelvo a ver el mar rojizo anaranjado.
Y vuelvo a ver los muertos, la corona de flores aterradas._
¿Creíste que no vendría junto a las negras rocas, cuando de nuestras bocas el cielo renacía convirtiendo el espacio en de plata palacio, la distancia en nuestra eterna estancia?
¿Creíste que era muerte la noche de la suerte, y el fin de la canción mi desaparición?
Un nombre estaba escrito sobre el agua, fue dicho desde el agua, Bronwyn, entre cienos y miedo a los abismos bajo las grandes aves transparentes.
¿Pudiste imaginar en la noche del mar que no respondería, sin hallar la voz con que diría dónde me has de encontrar?
¿Pudiste suponer en la niebla del ser que no contestaría y que no encontraría la voz para poder responder?
¿Y pudiste pensar que jamás tornaría tu nombre a concitar?
Empujo las paredes calcinadas. Las inscripciones crujen y los acordes siguen rechinantes sobre la superficie rota del olvido esencial.
Te vuelvo a repetir que siempre esperaría. No me dejes de oír.
¿Pudiste concebir en tu triste existir que nunca volvería, si es que me pude ir y que te dejaría sin venirte a decir que no quieras morir?
No siempre puedo recordarte bajo los grandes trozos de silencio que me aplastan y dejan en ceniza tan sólo perseguido por un sonido oscuro y por las lentas avenidas grises de un orbe sin final y sin principio.
¿Y dejaste a la nada tu esperanza abrasada abandonando al fuego todo el humo del ruego?
¿Y soñaste perder entre las hierbas el anillo de luz en que conservas el signo de mi eterna persistencia en la espiral oscura de tu esencia?
¿Y llegaste a creer no ser?
Bronwyn, ¿estás aunque no nunca pueda?
¿Olvidaste mi primera mirada cuando me desnudaste estando ya desnuda y entregada?
_La tierra es diferente de la tierra y el cielo es otro cielo cuando ya.
La luz me está pensando desde el otro lado del muro blanco de un milenio._
Estoy en un espacio que no puedes abrir con los espinos de tus manos humanas, temblorosas. Yo destruiré las redes de todos los arcanos y las rosas tenebrosas.
Retornaré al pantano gris y volverá el instante lis de envolverte en mi luz más allá de la torre y de la cruz con relieves, para que tú me lleves al lugar en que nunca nos podrá separar ni el filo de una espada, ni la doble amenaza de la nada.
Algo me está buscando entre las hierbas azules de otra vida.
Algo como una imagen sacramento, como una niebla de temblor.
Me has llamado Daena, Shekina me has llamado, así me has consagrado: La que Desencadena.
Ten fe en tu pensamiento de siquiera un momento.
Quiere lo que deseas para que siempre seas. Es porque tú eres mi ángel que me sabes tu arcángel.
Con nocturna ceniza entre tus labios, Bronwyn