Eternidades eran cuando tú eras la virgen de mi círculo enlutado. Me aparto de mí mismo y de tu lado olvido tus plateadas primaveras.
Tus manos de mis páginas de ceras cayeron en el mar de lo morado y un cielo de lo gris cayó sembrado con sollozos y agujas prisioneras.
Perder es ya morir, Bronwyn lejana no tener es vivir sin movimiento: amanecer y nunca es la mañana.
Bronwyn, mi soledad, ya no vivirte es parecer un ser y ser un lento un insondable nunca en el que hundirte.