Himno a la castidad

Himno a la castidad

La canción ignorada entre las valvas del corazón sospecho floreciente como un ímpetu ciego que me tienta. Que sea no lo sé, pero me llama esta fruición oculta que sorprendo dentro de mí tendiéndome en sus brazos como en lecho de sierpes entre cercos de algún rosal. Tristeza o alegría, no sabría decirlo cuando sopla un viento rumoroso en que vacila el torpe sueño y déjame sumido en una despiadada trascendencia, mientras yo estoy rendido y arrullado por unas leves coplas que acompañan al feliz corazón. ¿Qué inarmonía junta la desazón y el entusiasmo en estas largas noches en que gime la castidad? Las voces interiores dícenme un embeleso de palabras que cual un vino sienten derramarse por los lánguidos miembros. Vanas ansias del pecador mordido por el fuego de aquella fuerza ignota cuando sangran sus ilusiones. Mas todo se nubla, y suspenso en su flor se desvanece si una voz misteriosa nos convida a sonreír cubiertos de laureles como un fiel desposado al que se rinde la falaz apariencia.