La vida no es un sueño, tú ya sabes Jaime Gil de Biedma
Que la vida no es un sueño ya lo sé desde hace años, hace ya muchos años, amor, que la vida no es sueño, ya lo sé, por mucho que te esfuerces o me esfuerce en tus pechos de piedra, en tus piernas de nieve, en tu lengua, jengibre, ginebra y granadina,
Son tus ojos extraños como flor de la ipomea. Hermosa calipigia, la vida definitivamente no es un sueño, no, ni habrá momentos, amor, que levanten todos los huesos de la tierra.
No es más que el tránsito irremediable, hacia el lagar, de las avispas. No me canses con arengas ni gramáticas. No te entiendo, ya lo sabes, cuando me hablas del edículo donde la felicidad habita, ni del estíptico ascensor que nos transporta a la nada.
No me hables de nihilismo, panteísmo, hilozoísmo: son conceptos que traté y ya he olvidado.
No están los tiempos para arengas, no, no me hables del paroxismo de la lírica ni de las tristes convulsiones de las musas.
No me diagnostiques ni me radiografíes, pues es esto, esto es todo lo que hay.
Con tus ojos extraños como flor de la ipomea.
La inmolación de la carne. Bésame, el alcohol disfraza el aliento, ¿no notas el inconfundible sabor metálico que deja el fracaso en las encías?
Hermosa calipigia, hace tiempo que la vida no es un sueño, hace ya muchos años que la vida no es un sueño, ni hay paroxismo, mi amor, que levante todos los huesos de la tierra.
Dame la carne y asumamos el fracaso, pero antes dime, ¿qué me notas?, ¿me encuentras cínico, eleático, estoico o peripatético? * * *