y en esta isla atormentada, de oscuridad y roca, mis pies pisan el mundo desolados. Francisco Brines
La torre semeja, sobre el pueblo sin ilusión y sin sentido, mi fracaso; J.R.Jiménez
Mère de souvenirs, maîtresse des maîtresses Ch. Baudelaire
¿Cómo era, Dios mío, cómo era? J.R. Jiménez
Magnolias en mis sábanas dejaba, magnolias, azahar y labios duros. Sus senos, de la tarde flor dormida, aroma de amapolas y cerezas, temblaban en mi boca, entre mis dedos. Magnolias y sabor a playa y barro, a sol y arena, hierba y gorriones. Oh, cómo retornar ya a este vacío la luz de la alborada por sus ojos, el vino de su piel y su cabello. Magnolias en mis sábanas dejaba, su cuerpo de clepsidra y su alma nueva. * * *
de pájaros y númenes el alma, expuesto a la aquiescencia de la brisa, soñaba con las voces de poniente. Los dijes de oro y tul del horizonte, la inquieta sensación de estar naciendo al gozo y al clamor de savia nueva. Oh, tardes del balcón, fecunda en flores y añil, ciegas de cal, ciegas de vides. Qué vacuo este vivir si vacua el alma de luz, de tiempo y sal, de Dios y espigas, se baña en la desdicha del recuerdo. Qué vacuo el caminar hacia el olvido, hacia la ungida torre de los siglos. * * *
la nieve de tu talle es porque tengo cansado el corazón de tantos siglos en busca del incendio de la aurora.
Hoy vengo del desorden y a la nada retornaré con labios florecidos, al yugo de la noche, a las quimeras del sueño y al olvido complaciente.
Yo seguiré asomado a mis balcones rodeado de astrolabios y de estrellas, de inciertos firmamentos y de mirtos dormidos sobre viejos ataifores. * * *
qué sabia languidez me ocupa el alma de fértiles lloviznas y de lucios calmados en las llamas del crepúsculo. A qué este azul litigio de la tarde me lleva hacia los pájaros cansados que buscan las higueras en las sombras dormidas por el láudano del tiempo. Yo, histrión sobre el triclinio recostado, engullo mieles y uvas de calendas, me absuelvo en el silencio etéreo y negro, en cándidas sonrisas de vestales. De euménides un rito me acrisola en urna de cristal y cadmio blanco. No sé qué piedras ávidas de muerte me muestran las necrópolis hambrientas. * * *
tan dulce y a la vez veneno y nieve, caliente flor o musgo sorprendido por la herrumbrosa niebla del pasado; un roce de amapolas y de plumas que nutren con certero humo las sombras postradas en los páramos desiertos y estériles al sueño de centurias. El tiempo irremediablemente arcano es cáliz destinado al sacrificio pomposo de los días sepultados en cieno de nostalgias y embalajes. Oh, dónde se perdieron las valijas antiguas y olvidadas y el enigma creado en el insomnio de lo obscuro. A dónde recurrir, dónde, vencido, saciar la sed de agua no llovida, de eterna soledad sobre el alféizar. * * *
tus blancos plenilunios en la arena bruñida por el mar de la bahía y el tuétano de siglos y memorias. Sí, háblame de aquellas alboradas que aún llevas indolentes en los ojos, de brisas otoñales y veleros cruzando el horizonte de tu playa. Sí, dime; yo te oigo y enmudezco parado ante la voz de aquellas horas. Yo sé que primaveras en tu boca son gotas de cristales en la niebla, mas, háblame y sonríe, no adolezcas de patios y jazmines nocturnales. Descifro tus palabras en el éter cansado que se esconde en tu mirada. Preludio es que tus sueños prevalezcan al tiempo y al cansancio y al olvido. Sí, dime, mientras yo callado observo la tarde que ensombrece tus arrugas. * * *