El espantapájaros

El espantapájaros

Le amaneció sentado en la misma piedra, mirando al mismo horizonte, con el mismo rocío mojándole la tristeza.

El mismo frío en la piel de los huesos, el mismo gusto a pozo seco en la saliva dulce y el mismo olvido por las cenizas del aire.

Quiso retener el tiempo entre los dedos contando las monedas de las horas, las únicas ganancias que traían las luces nuevas de la primavera.

Sintió ser feliz por un momento, como si tuviese el don de resucitar a las mariposas.

Le amaneció sentado.

Se levantó, cambió de piedra y siguió mirando al mismo horizonte con los mismos ojos vigilantes de pájaros.