Libertad, para mí, quiere decir huida. Joan Margarit
Se le vio partir y atardecía por el camino blanco y solitario que conduce al silencio de los planetas muertos. Un atlas bajo el brazo, y le seguía como un perro cansado y distraído la sombra fiel de la tristeza.
Detrás dejaba toda la ceniza, un columbario –sueños aún calientes- abandonado en la luz pálida de la tarde.
Se le vio partir. Hacía tiempo que, absorto, preparaba la maleta pero esta vez no echó recuerdos de la infancia ni las fotos prodigiosas de una primavera, ni los discos, ni las gafas, ni los libros, ni el diccionario en blanco de sinónimos de la felicidad.
Estaba anunciada ya la huida.
Nunca fue allí lo que quiso. Lo tuvo todo, pero eso es diferente. Nunca vio el mar; por las noches lo oía. Avaramente hacía recuento reiterado del tiempo: un vacío rotundo de aire en la memoria.
Se le vio partir y perderse diluido en la niebla amarilla.
A nadie dijo adiós. Sólo dejaba un último verso escrito por las tapias: Están maduras ya las uvas del pasado. * * *