Si sientes soledad tenme a tu lado. La sangre del poniente me ha dejado anclado con mis brazos al postigo.
El sol rojo de otoño que persigo detrás del horizonte cae pausado en lento incendio. Miro aniquilado la luz de la que soy mudo testigo.
Sonríe, y que se mezcle con el viento la blanca candidez que hay en tu boca. Oh, de ella expectativo estoy y sediento.
El sol, limón enfermo, ya se apoca. Levanta tu alegría al firmamento que quiero aquí escuchar tu risa loca. * * *