la playa de tu piel calmada y clara, el tibio manantial de mirto y jara que al roce de tu boca florecía.
Colmado de mirarte amanecía un sol entre tus ojos tristes para cegar de claridad y dulcamara mis ojos, sombra y sed, el alma mía.
¡Los pétalos del cuello con las ceras fragantes de los pechos!… Hoy aúlla el ángel solitario por las eras.
Mi cuerpo es soledad. Deja que huya del ascua de tus manos pasajeras, del leve acariciar de pluma tuya. * * *