y pétalos de amor entre los dedos, sin nombre y sin ayer, con la sonrisa nevada entre los labios de verano. Me vienes de la luz y traes contigo el mosto de la piel y frescas uvas que al mueso de tu carne se revientan. Hay agua de jazmín en tu saliva y cielo en el olvido de tus ojos. Tú llegas hacia mí, pisando nubes, borrando la memoria con los brazos, luchando como ángel con la muerte que observa sigilosa tras los vidrios. No queda soledad en los visillos ni oscuros alfileres de ceniza que puedan destrozar la primavera. Miremos más allá de los espejos, al cielo de alas blancas y espumosas que hay sobre las olas de los puertos. * * *