No a la arena ya su soltura no a los pies dispuestos a la persecución no a un techo más cálido que otro no a la noche perforada detrás de la oreja no a los guijarros heroicos a las capas de polvo no a la llamada del oro adulterado de las dudas no a los adioses a las mentiras a las reconciliaciones a todo lo que no sea asegurarme que ni tú ni yo hemos existido nunca
Traducción de Carlos Barral