La caída de vuestros cabellos es el ángel que me eterniza señora pero cada día nos sirve un ala de horizonte posible en la vajilla que rompe vuestra risa sobre el fondo incansable de vuestro carácter
El abanico instalado en vuestro aire de familia retiene su soplo y vuestro rostro se aquieta fuera hace entonces frío todas las piedras están huérfanas todos los puños cerrados todas las cenizas al acecho cada gota de sol testimonia una voluntad opuesta a honrar vuestras deudas
Parcialmente sentado sobre un filón de alma no me atrevo a oscilar de miedo a que cielo y tierra rechinen los goznes de nuestra vida privada si yo os contemplo la noche deposita un sauce en la llanura de los suspiros si me duermo el viento abre el armario de mi espalda y deja huir las alas de los verdores
Traducción de Gerardo Diego