Llegará para ti la suspirada derrota, y una tarde florecida la pasión morderá la pulpa henchida de tus senos, como una llamarada.
Un velo cruzará por tu mirada y sin memoria, contra mí ceñida, sentirás el misterio de la vida revelarse en tu carne desgonzada.
Ya vuelta al mundo me dirás: ¿Qué has hecho? Restregarás los ojos, sobre el pecho reanimarás tu deshojada rosa;
y, para más inenarrable encanto, habrá un amago de temblor de llanto en tu voz, casi, casi silenciosa.