Ciñe mi cuello, pero más ceñido; estrecha el nudo, pero más estrecho; más cerca. Que el latido de mi pecho forme un solo vaivén con tu latido.
Tu beso, alondra que retorna al nido, en mi labio se aduerma satisfecho. Y los sueños encuentren como un techo protector, en tu párpado caído.
En nada pienses. Ni tu voz inquiera la razón inefable de los lazos que a mi ser te mantienen prisionera.
Cierra los ojos nada más, y siente fluir tu juventud entre mis brazos, como fluye en el cauce la corriente.