Cuando escucho tu voz, tiene mi oído una imposible sensación candente, pues que fluyen tus labios sutilmente el ritmo sideral, hecho sonido.
Rayo de sol caído sobre un lago de miel, así tu cabellera bruna; y cuando miras, tu mirar aúna la emoción de lo intenso y de lo vago.
Y pienso al estrechar tus manos buenas, que en mis manos impuras se han transfundido todas las blancuras; hostias, nieves, armiños y azucenas.