Poemas de 1966

Poemas de 1966

(Londres)

Frágiles, persistentes, tercas, permanecen las palabras escritas, quién lo hubiera pensado, con su apariencia momentánea y mínima, su caprichoso existir tan lejos de la realidad o de lo que entonces como realidad se imponía. Libros, apuntes, aburridos exámenes de inglés, facturas que pagar, incomprensibles voces al teléfono y la lluvia detrás de las cortinas en aquella solemne habitación alquilada. Noches de soledad brumosa y otras de enloquecida euforia, con jarras de cerveza, verdes botellas de ginebra y los ojos oscuros, con una brasa al fondo, de Pauletta Ioannides y el dios abandonando a Antonio. Sombras esfumadas, borrados gestos, Strangers in the Night, desafinada música nostálgica. Éramos jóvenes y estábamos de paso en la ciudad enloquecida, éramos jóvenes y meses después regresaríamos, lejos de allí, la vida todavía esperaba. Lo que ocurrió después es fácil de adivinar y casi veinte años me separan de aquello, sin embargo, algunas palabras, su amarga y tierna materia, el cercado mundo que pretendieron retener, la desolada afirmación de sus sílabas, aún permanecen, apenas corrompidas por el papel impreso. Ahora -parece tan raro-, de todo aquel pasado sólo queda, casi tangible, el recuerdo de una mesa, alta y estrecha, con cuadernos amontonados pesados diccionarios y una silla de respaldo duro en la que alguien, remotamente parecido a mí, iluminaba con arañadas letras la sombra detenida de un fantasma. Y todavía esas mismas palabras, tantos años después, me repiten su desvelado y único secreto, su valeroso testimonio inútil, frágiles, persistentes, íntimas y tercas me recuerdan la magia desesperada de la vida.

“Antes de que llegue la noche” 1985