Terribles son las palabras de los amantes, aunque estén bañadas de falsa alegría, cuando llega la desolada hora de la separación. Fuera la lluvia galopa tercamente y su eco retumba tras la ventana. Los poderosos pájaros de la dicha un breve instante anidaron en sus brazos y dorados plumajes cubrieron los cabellos que ahora sudor y hastío sólo guardan. La estatua que quiso ser eterna herida de reproches tiembla y cae. Ya el combate de anhelo ha terminado y húmedos restos las sábanas acogen. Hombre y mujer en traje y documento ceremoniosamente se despiden. Sus manos por costumbre se enlazan y banales sonrisas desfiguran sus labios. Terribles son las palabras de los amantes cuando llega la desolada hora de la separación. Esqueletos de amor buscan nuevo refugio y un jirón de ternura cuelga del viejo y gris perchero. “A través del tiempo” 1968