Cuando mi blanda Nise lasciva me rodea con sus nevados brazos y mil veces me besa,
cuando a mi ardiente boca su dulce labio aprieta, tan del placer rendida que casi a hablar no acierta,
y yo por alentarla corro con mano inquieta de su nevado vientre las partes más secretas,
y ella entre dulces ayes se mueve más y alterna ternuras y suspiros con balbuciente lengua,
ora hijito me llama, ya que cese me ruega, ya al besarme me muerde, y moviéndose anhela,
entonces, ¡ay!, si alguno contó del mar la arena, cuente, cuente, las glorias en que el amor me anega.