Aquella tarde, al decirle...

Aquella tarde, al decirle…

Aquella tarde, al decirle que me alejaba del pueblo, me miró triste, muy triste, vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas? Le dije: Porque el silencio de estos valles me amortaja como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido que quiere gritar mi pecho, y en estos valles callados voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas? Y le dije: A donde el cielo esté más alto y no brillen sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada allá en los valles desiertos y se quedó muda y triste, vagamente sonriendo.