Eternidades

Eternidades

Vino primero pura, vestida de inocencia; y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo de no sé qué ropajes; y la fui odiando sin saberlo.

Llegó a ser una reina fastuosa de tesoros… ¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

Más se fue desnudando y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica de su inocencia antigua. Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica y apareció desnuda toda. ¡Oh pasión de mi vida, poesía desnuda, mía para siempre!