Hoy eres tú, mar de retorno...

Hoy eres tú, mar de retorno…

Hoy eres tú, mar de retorno; hoy, que te dejo, eres tú, mar! ¡Qué grande eres, de espaldas a mis ojos, jigante negro hacia el ocaso grana con tu carga chorreosa de tesoros!

-Te quedas murmurando en un extraño idioma informe, de mí; no quieres nada conmigo; entre tu ida y mi vuelta resta el despego inmenso de una eterna nostaljia.-

… De repente, te vuelves parado, vacilante, borracho colosal y, grana, me miras con encono y desconocimiento y me asustas gritándome en mi cara hasta dejarme sordo, mudo y ciego… Luego te ríes, y cantando que me perdonas, te vas, diciendo disparates, imitando gruñidos de fieras y saltos de delfines y piadas de pájaros; y te hundes hasta el pecho o sales, hasta el sol, del oleaje -San Cristóbal-, con mi miedo en el hombro acostumbrado a levantar navíos a los cielos. Me siento perdonado. Y lloro, mar salvaje, toda tu agua de hierro, luz y oro!

(14 de junio.)