Iba, blanca y tierna, entre los brotes rubios y verdes…
A donde daba su frente, oriente era. Lo fuerte, a su mudo pasar leve, se caía, vano y débil. Estaba encima y ausente de todo, y todo, envolviéndole el corazón transparente, la hacía una y perenne, como la vida a la muerte.
-Como a la vida. Su nieve era inmortal y celeste. Nevaba del suelo al cenit.
Pasó, sin irse. Indeleble y absorto, quedó el presente mirando su huida, siempre…