Le he puesto una rosa...

Le he puesto una rosa…

Le he puesto una rosa fresca a la flauta melancólica; cuando cante, cantará con música y con aroma.

Tendrá una voz de mujer, vacilante, arrolladora, plata con llanto y sonrisa, miel de mirada y de boca.

-Y será cual si unos finos dedos jugasen con sombra por los leves agujeros de la caña melodiosa-.

¡Tonada que no sé yo, oída una tarde en la fronda; tonada que fui a coger y que huía entre las hojas.

Para ver si no se iba, la engañé con una rosa: cuando llore, llorará con música y con aroma.