Abril, sin tu asistencia clara, fuera invierno de caídos esplendores; mas aunque abril no te abra a ti sus flores, tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera: rosa de los caminos interiores brisa de los secretos corredores, lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa, abrazados los dos, sea tu risa el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recogerá tu rosa, sobre mis ojos se echará tu brisa tu luz se dormirá sobre mi frente…
Qué débil el latido…
¡Qué débil el latido de tu corazón leve y qué hondo y qué fuerte su secreto! ¡Qué breve el cuerpo delicado que lo envuelve de rosas, y qué lejos, desde cualquiera parte tuya -y qué no hecho- el centro de tu alma!