¡Qué tristeza de olor a jazmín! El verano...

¡Qué tristeza de olor a jazmín! El verano…

¡Qué tristeza de olor de jazmín! El verano torna a encender las calles y a oscurecer las casas, y, en las noches, regueros descendidos de estrellas pesan sobre los ojos cargados de nostaljia.

En los balcones, a las altas horas, siguen blancas mujeres mudas, que parecen fantasmas; el río manda, a veces, una cansada brisa, el ocaso, una música imposible y romántica.

La penumbra reluce de suspiros; el mundo se viene, en un olvido májico, a flor de alma; y se cojen libélulas con las manos caídas, y, entre constelaciones, la alta luna se estanca.

¡Qué tristeza de olor de jazmín! Los pianos están abiertos; hay en todas partes miradas calientes… Por el fondo de cada sombra azul, se esfuma una visión apasionada y lánguida.

(De “Olor de jazmín” )