Rosas mustias de cada día...

Rosas mustias de cada día…

Todas las rosas blancas de la luna caían, por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo … Mirando aquellas carnes blandas que florecían, hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.

¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible de su sexo con luna! Hervían los blancores de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.

Era el enervamiento del dolor … Y cual una rosa de treinta años, opulenta y desierta, el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna frío, espectral, azul, como una pompa muerta …