Tal como estabas

Tal como estabas

En el recuerdo estás tal como estabas. Mi conciencia ya era esta conciencia, pero yo estaba triste, siempre triste, porque aún mi presencia no era la semejante de esta final conciencia

Entre aquellos geranios, bajo aquel limón, junto a aquel pozo, con aquella niña, tu luz estaba allí, dios deseante; tú estabas a mi lado, dios deseado, pero no habías entrado todavía en mí.

El sol, el azul, el oro eran, como la luna y las estrellas, tu chispear y tu coloración completa, pero yo no podía cogerte con tu esencia, la esencia se me iba (como la mariposa de la forma) porque la forma estaba en mí y al correr tras lo otro la dejaba; tanto, tan fiel que la llevaba, que no me parecía lo que era.

Y hoy, así, sin yo saber por qué, la tengo entera, entera. No sé qué día fue ni con qué luz vino a un jardín, tal vez, casa, mar, monte, y vi que era mi nombre sin mi nombre, sin mi sombra, mi nombre, el nombre que yo tuve antes de ser oculto en este ser que me cansaba, porque no era este ser que hoy he fijado (que pude no fijar) para todo el futuro iluminado iluminante, dios deseado y deseante.

¿Te acuerdas? Fue en el cuarto de los niños. La tarde de estío alzaba, limpia, por entre la arboleda suavemente mecida, últimas glorias puras, tristes en el cristal de la ventana abierta.

El maniquí de mimbre y las telas cortadas, eran los confidentes de mil cosas secretas, una majia ideal de deshojadas rosas que el amor renovaba con audacia perversa…

¡Oh, qué encanto de ojos, de besos, de rubores; qué desarreglo rápido, qué confianza ciega, mientras, en la suave soledad, desde el suelo, miraban, asustadas, nuestro amor las muñecas!

Te conocí, porque al mirar la huella de tu pie en el sendero, me dolió el corazón que me pisaste.

Corrí loco; busqué por todo el día; como un perro sin amo.

… ¡Te habías ido ya! Y tu pie pisaba mi corazón, en un huir sin término, cual si él fuera el camino que te llevaba para siempre…

Te deshojé como una rosa, para verte tu alma, y no la vi. Mas todo en torno -horizontes de tierra y de mares-, todo, hasta el infinito, se colmó de una esencia inmensa y viva.

Viento negro, luna blanca…

Viento negro, luna blanca. Noche de Todos los Santos. Frío. Las campanas todas de la tierra están doblando.

El cielo, duro. Y su fondo da un azul iluminado de abajo, al romanticismo de los secos campanarios.

Faroles, flores, coronas -¡campanas que están doblando!- …Viento largo, luna grande, noche de Todos los Santos.

…Yo voy muerto, por la luz agria de las calles; llamo con todo el cuerpo a la vida; quiero que me quieran; hablo a todos los que me han hecho mudo, y hablo sollozando, roja de amor esta sangre desdeñosa de mis labios.

¡Y quiero ser otro, y quiero tener corazón, y brazos infinitos, y sonrisas inmensas, para los llantos aquellos que dieron lágrimas por mi culpa!

…Pero ¿acaso puede hablar de sus rosales un corazón sepulcrado? -¡Corazón, estás bien muerto! ¡Mañana es tu aniversario!-.

Sentimentalismo, frío. La ciudad está doblando. Luna blanca, viento negro. Noche de Todos los Santos.