Viento negro, luna blanca...

Viento negro, luna blanca…

Viento negro, luna blanca. Noche de Todos los Santos. Frío. Las campanas todas de la tierra están doblando.

El cielo, duro. Y su fondo da un azul iluminado de abajo, al romanticismo de los secos campanarios.

Faroles, flores, coronas -¡campanas que están doblando!- …Viento largo, luna grande, noche de Todos los Santos.

…Yo voy muerto, por la luz agria de las calles; llamo con todo el cuerpo a la vida; quiero que me quieran; hablo a todos los que me han hecho mudo, y hablo sollozando, roja de amor esta sangre desdeñosa de mis labios.

¡Y quiero ser otro, y quiero tener corazón, y brazos infinitos, y sonrisas inmensas, para los llantos aquellos que dieron lágrimas por mi culpa!

…Pero ¿acaso puede hablar de sus rosales un corazón sepulcrado? -¡Corazón, estás bien muerto! ¡Mañana es tu aniversario!-.

Sentimentalismo, frío. La ciudad está doblando. Luna blanca, viento negro. Noche de Todos los Santos.

Todas las rosas blancas de la luna caían, por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo… Mirando aquellas carnes blandas que florecían, hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.

¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible de su sexo con luna! Hervían los blancores de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.

Era el enervamiento del dolor… Y cual una rosa de treinta años, opulenta y desierta, el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna frío, espectral, azul, como una pompa muerta…