Rosa invisible rasgo puro Venas subyugantes como lámparas de nieve y mi espejo en su lecho fratricida Iba hacia ti Desde la negra edad de mis orígenes Iba hacia ti Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas Caías de rodillas con un racimo de frutas.
Los perversos ojos del cielo recubren tu llama La espiga vigilante adentro En las zonas del silencio donde la luz no llega.
Yo veía un niño agonizando en los jardines El que arrojaba uvas delirantes a las duras bahías Y los cuerpos ahogados en la noche Cuando arden cenizas en la magia de Dios.
Yo he visto alfombras proteger sus rebaños de ignorancia Altares y arcos Los senos, bases de fuego fascinante El perfecto hábito del semen Joya de abismo, taciturno enigma. De “Elena y los elementos” 1951