Menos vulnerable y base de rigor. Confinado a la palidez y el grito de tu carne, Llama ostensible. Óleo grave y vellocino de nácar. Fuerza que inhibe, que resiste, Mujer que declina honores en el país solitario. A tientas los flancos, ¡en la espesura de aquel rumor! A la zaga nuestra sombra. El aleteo de la espuma sube. La mujer es de agua reflejada. Vive en la memoria de la piel. Su salto en los oquedales rehúsa respirar por la herida en mi cuerpo. Lo dicho, dímelo, átenos con esta lengua de tierra la fabla matinal.
Más firme aún el sueño en el regazo profundo. De “Filiación oscura” 1966