Cuando todos cavilan, me arrulla Me arrulla mi melodía pueril.
Luego, me voy de súbito a una isla, Y allí las tiendas, la pesca de ranas, la obsequiosidad de una muchacha negra, Me hacen formular vigilias felices;
Soplo una gran bujía:
Es el adiós sollozando en mi corazón.
El ancla que pesa al fondo del fiar. De “Animal de costumbre” 1959