Trinidad

Trinidad

Cuando todos cavilan, me arrulla Me arrulla mi melodía pueril.

Luego, me voy de súbito a una isla, Y allí las tiendas, la pesca de ranas, la obsequiosidad de una muchacha negra, Me hacen formular vigilias felices;

Soplo una gran bujía:

Es el adiós sollozando en mi corazón.

El ancla que pesa al fondo del fiar. De “Animal de costumbre” 1959