Estoy encinta, y vivo. Me preñó igual que a las ovejas. Ahora hace la cama con madera de olivo, y canta, y por primera vez me llama por mi nombre.
Porque va a ser un niño como su abuelo, dice, “un hombre de verdad que trabaje conmigo”.
Pero de noche, carga sobre mí su balumba y se olvida del hijo.
Será para cantar, me digo, mientras abro las piernas y me escoro hacia un lado eludiendo su peso porque duele.
¿Qué será lo que siente?